sábado, 31 de diciembre de 2011

Nueva Técnica Remueve Metales Pesados del Agua



Una vez que son liberados al ambiente desde fuentes industriales, los residuos de metales preciosos pueden permanecer en las fuentes de agua durante décadas o incluso siglos en concentraciones que son suficientemente altas como para constituir un riesgo para la salud. Si bien existen procesos para remover grandes concentraciones de metales pesados del agua, estos no funcionan adecuadamente con cantidades menores. Sin embargo, recientemente científicos de la Universidad Brown de Rhode Island han combinado dos métodos existentes para crear una nueva técnica que puede remover aún las trazas de metales pesados del agua.

Conocido como sistema cíclico de electroobtención/precipitación o CEP, el proceso involucra el incremento de la concentración de metales pesados en muestras de agua hasta que sea suficientemente alta como para ser removida eficazmente.


El procedimiento comienza cuando el agua contaminada es introducida en un tanque, y un ácido o una base como el hidróxido de sodio (NaOH) es añadida para cambiar el pH del agua. Esto ocasiona que las moléculas de agua se separen de las partículas de metales preciosos, lo que a su vez causa que estas precipiten y se depositen en el fondo del tanque. Seguidamente el agua limpia es sacada del tanque y posteriormente se vuelve a introducir más agua contaminada cuyo contenido metálico se une al que yace en el fondo. De esta manera, este sencillo proceso se repite en múltiples ocasiones.


 Si bien esta técnica por si sola es prometedora, el precipitado metálico forma un lodo tóxico que es difícil de eliminar de forma segura. Es ahí cuando la segunda parte del proceso CEP es aplicada.


Una vez que el lodo en el primer tanque ha alcanzado un nivel suficientemente alto de concentración de metales pesados, es bombeado hacia un segundo dispositivo que cuenta con un electrodo de partículas especial. Ahí, ese desecho es sometido a un proceso conocido como electroobtención en el cual se emplea una corriente eléctrica para transformar los iones de metal en un sólido estable y fácil de remover. El agua que queda remanente es enviada nuevamente al primer tanque donde el metal que aún queda en suspensión es removido por medio del primer proceso descrito anteriormente. Esa agua va a otro depósito donde se aplican otros procesos para eliminar aún más iones de metales pesados.


Durante pruebas de este sistema, las trazas de metales pesados como cobre, cadmio y níquel fueron removidas de muestras de agua contaminadas hasta un nivel que estaba cerca o incluso por debajo a los niveles de contaminación máximos permitidos por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. De acuerdo a los científicos que participan en el proyecto este proceso puede emplearse para remover otros metales como mercurio, plomo y estaño.







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